Libro: “El Espíritu de las Leyes” por Montesquieu (1748) | Parte 3 de 3: Duelo y Privilegio

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Parte 1 “República y Libertad”: Click

Parte 2: “Comercio y Esclavitud”: Click

Esta última parte consta de tres secciones:

  • Orígenes del duelo judicial
  • Feudalismo y privilegio
  • El buen legislador

Se discuten los usos y abusos que conllevaron a reformar las leyes, concluyendo con la esencia del buen legislador.

Orígenes del duelo judicial

Según Montesquieu, cuando los bárbaros conquistaban un pueblo, juzgaban personalmente, es decir, según la ley particular de dicho pueblo porque era su costumbre, al ser hombres libres y aislados, cuando se mezclaban mantenían su independencia. 

Sin embargo, cuando el imperio romano fue invadido por las naciones germánicas, los segundos imitaron la costumbre de escribir de los primeros y de ahí se fueron institucionalizando sus leyes.

Es cuando se pierde la capacidad de leer y escribir que la historia se adentra a una edad oscura, perdiéndose en el camino las leyes de los romanos, bárbaros, entre otros.

Al olvidarse las leyes, se crean nuevas costumbres, y esas costumbres se convierten (otra vez) en las instituciones que rigen la justicia.

Poco a poco se fueron sustituyendo las leyes por otros códigos y costumbres.

Se creó tanta confusión, que algunas personas se podían defender en base, no a pruebas, sino juramentos y hasta evangelios. Supuestamente el miedo a los templos asustaría a los culpables, pero en realidad trajo consigo la impunidad.

Es así como eventualmente, se utilizará el combate como prueba, ya que si perteneces a una nación guerrera, está en contra de las costumbres carecer de valor y destreza. Si eres un hombre de honor, desarrollarás tu fuerza en señal de respeto a tu educación.

De tal manera, surge y se instituye el “pundonor”:

“Sentimiento que mueve a una persona a cuidar su propio prestigio y buena fama y a intentar quedar bien ante sí mismo y los demás” (Diccionario: El País).

El descrédito y desuso de las leyes romanas, sálicas, y capitulares, conllevaron a que no se pensara más que en formar la ley del duelo judicial.

Pero por estar basada en las costumbres y el pundonor, se establecieron también en base a las supersticiones. Por ejemplo, el guerrero que llevaba en sus bolsillos hierbas para los “hechizos” debía tirarlas y jurar que no guardaba más, o que se creyera que algunas armas estaban encantadas, simplemente porque estaban mejor diseñadas. De ahí también nacen las historias y cuentos de hadas sobre los caballeros honorables, los paladines de la galantería, de la gloria y de la justicia.

Al menos estas leyes se intentaron reglamentar, de forma que los problemas particulares no se convirtieran en problemas generales. Pero al ser gobernadas por el pundonor, incluso su prudencia ignoraba los procedimientos de los romanos, en los que una corte superior podía reformar la sentencia de una inferior: ¿cómo podían tenerse más procedimientos en un asunto que se decidía tras un combate?

Por eso eventualmente la justicia se separa del feudo, es decir, los vasallos de las tierras feudales, quienes no tenían a nadie por debajo, pierden el derecho de justicia. Todos los jueces asistían a la sentencia y estas sentencias no podían ser falsas, porque en el tribunal del rey, nadie lo iguala, y por ende nadie puede recurrir a un tribunal más alto. Esto provocó claros abusos en los que usualmente faltaba justicia y, por perderse el derecho politico, se recurría a la guerra, como ahora se acude a la guerra por pretextos en el derecho de gentes, que se fueron viciando en los tribunales de antaño.

¿Cuándo cambiaron un poco las cosas ?

Si bien antes solamente se podia desafiar las sentencias a través del duelo judicial contra los jueces, el rey San Luis introdujo una regla nueva: si bien debía cuidar a los señoríos porque declarar felonía en contra de ellos sería declararla en contra del rey, permitió que se pidieran rectificaciones a las sentencias, no por buenas o malas, sino por causar perjuicios. De alguna manera, desde entonces se podia tachar de falsedad sin duelo en los dominios del rey.

A medida que se perdían las prendas de batalla, los juicios pasan de ser eventos públicos a eventos cerrados y secretos.

Lo positivo es que se empiezan a fortalecer las otras posibilidades del juicio.

El Establecimiento de San Luis, sin embargo, no aplicaba a todos los territorios, ya que habían regiones exentas de obediencia real. Por esta razón se pudo haber olvidado parte de su decreto, pero al menos estaba incentivando el cambio en vez de obligarlo, lo cual es algo que Montesquieu aplaude porque: “La razón ejerce un imperio natural y hasta tiránico; se la resiste, pero esta misma resistencia es tiempo perdido; pasado algún tiempo, ella se impone”.

San Luis intentó que se olvidara la antigua jurisprudencia para que se formara una nueva, en la que parte de la jurisprudencia de los particulares pasara a la general. Sus intentos fueron cobrando vida con el pasar de los años. Pero eventualmente, al conocerse más el derecho eclesiástico que el romano, se utiliza el primero para sustituir los cambios.  Esto provocó leyes basadas en una cierta interpretación religiosa, como por ejemplo, que una pareja de recién casados tenga que pagar un permiso para poder dormir juntos en los primeros tres días del matrimonio.

Montesquieu dice que estos problemas se fueron intentando corregir y que, por lo general, cuando se fracasaba, era porque uno de los cuerpos del Estado pretendía aumentar su autoridad a expensas de los otros. Es raro, según el filósofo, encontrar personas moderadas que logren resistir su propia fuerza. Fue necesario, por tal razón, no permitir que un juez juzgase solo.

Vuelve a destacar la preponderancia de la palabra escrita para estructurar las formalidades de las costumbres, las cuales se intentaron generalizar lo más posible sin que hubiese demasiados perjuicios a los intereses particulares.

Esto no quiere decir, como bien sabemos, que todos los vicios se hayan solucionado, pero vemos cómo y por qué se fue progresando hasta llegar a la Ilustración pasando por las grandes revoluciones y guerras, momentos de la historia en los que hubo importantes logros y retrocesos, hasta llegar a la actualidad la cual demuestra avances, quizá otorgándonos mejores condiciones que en otros tiempos, pero no creamos que somos victoriosos: los desafíos y retrocesos persisten.

Feudalismo

Las distintas guerras y rebeliones provocaron la servidumbre de los pueblos, práctica que se fue profundizando con el pasar del tiempo.

Cuando los bárbaros conquistaron a los romanos y adoptaron sus usos escritos, intentaron traducir, algunas veces sin demasiada precisión, sus palabras, llamando “censo”, por ejemplo, al “tributo”.

Esto conllevó a confusiones donde la gente creía que el “censo” que cobraban los reyes, era el mismo “censo” de los romanos.

Los reyes, los eclesiásticos y la nobleza creían tener el derecho a esos tributos, lo cual era un derecho económico del rey, más que una contribución al Estado.

De los bárbaros también se hereda el “fredum”, o la protección al derecho de venganza, lo cual por supuesto conlleva a grandes corrupciones por parte de los grupos de poder.

Estos privilegios que se fueron otorgando, dieron origen a vicios dañinos.

Eso es lo más importante de estos capítulos: cómo ciertos grupos de poder de esa época, fueron ganando privilegios que otros no tenían, lo cual derivó en abusos impunes.

Por eso, Montesquieu, admiraba a Carlomagno, quien delimitó los poderes, con un sentimiento de equilibrio, donde se sabía castigar y perdonar.

Por eso criticaba a Ludovico Pío quien atacaba en base a la superstición y no al entendimiento.

Legisladores

En estos capítulos, Montesquieu describe lo que considera deben ser las características de un buen legislador:

  • Moderación
  • Contribuir al bien político
  • Contribuir al bien moral
  • Meditar bien las leyes para que no se contradigan al espíritu que las impulsa, por ejemplo, cuando Anfictión juró no destruir las ciudades griegas, pero a la vez, amenazó con destruir las ciudades griegas que intentaran destruir otras ciudadades griegas. Es decir, juraste no destruir ni permitir que se destruyan las ciudades griegas, pero a la misma vez amenazaste con destruirlas. Clara contradicción. Montesquieu dice que mejor hubiese sido establecer y acostumbrar a las personas a que era nefasto destruir una ciudad griega, incluso no destruyendo ni a los destructores, o al menos que solamente fuesen los líderes de esos movimientos quienes pagaran, o que el pueblo destructor, por un tiempo, no gozara de todos los privilegios de los griegos, o que se les impusieran multas. El daño se debe reparar, no empeorar.
  • Tener en cuenta que las leyes en cada país son diferentes y tienen su propia lógica, la cual deriva en usos distintos, por ejemplo: ¿se debe imponer la pena capital a los testigos falsos? Montesquieu dice que en Francia se imponía y en Inglaterra no, porque donde en Francia se atormentaban a los reos, en Inglaterra no, donde en Francia el acusado no podía presentar testigos, en Inglaterra se escuchaban los testimonios de las dos partes. En Inglaterra la ley no espera que el acusado confiese su crimen, por eso es que no se aplica el tormento, sino que se buscan los testimonios sin desalentar a los testigos por temor a una pena capital. Francia, por tener un solo testigo, lo debía intimidar para que comprendiera las consecuencias de la mentira.
  • Las leyes se pueden corregir a sí mismas, pero no es conveniente modificar sin tener razones suficientes. Si al argumentar los cambios, se acepta llevarlos a cabo, el pueblo debe tener conocimiento de tal acto y debe estar en presencia de ello.
  • El pueblo debe aprender las reglas para formar las leyes, comprendiendo que lo que puede ser importante para uno, puede no serlo para el otro.
  • Las leyes deben ir de lo real a lo real, ser comprensibles para el ciudadano promedio, estar al alcance de su razón.
  • No se debe legislar a través de rescriptos: “Decisión del Papa, de un emperador o de cualquier soberano para resolver una consulta o responder a una petición” (Diccionario: RAE).

Yo concluyo:

  • Conocer y comprender “el espíritu de las leyes”.

Todas estas notas surgen de mi lectura e interpretación de la siguiente versión de “El Espíritu de las Leyes”: http://bibliotecadigital.tamaulipas.gob.mx/archivos/descargas/31000000630.PDF

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