Libro: “El Espíritu de las Leyes” por Montesquieu (1748) | Parte 2 de 3: Comercio y Esclavitud

Montesquieu_1

En la primera parte hablamos del espíritu de las leyes en relación con los tipos de gobierno. Recomiendo leer esa sección.

El espíritu de las leyes es que por más que existan principios universales, las leyes se deben moldear a cada Estado, pues uno no es igual al otro, el contexto cambia y con ello el tipo de gobierno, el clima, la extensión territorial, las costumbres, las religiones, el comercio, el número de habitantes, entre otros.

En esta “edición” describo y comento sobre el espíritu de las leyes en relación con:

  • El clima
  • La tierra
  • La esclavitud
  • Las costumbres
  • La religión
  • El comercio
  • La moneda

Montesquieu desarrolla ideas importantísimas sobre las diferencias que deben tomar en cuenta los legisladores en cada región, pero también hace deducciones que debemos analizar con detenimiento.

Con respecto al comercio, es muy interesante que el consagrado teórico John Keynes dijera que Montesquieu fue uno de los más grandes economistas y el equivalente francés a Adam Smith. No sé si quienes estudian Economía leen a Montesquieu tanto como a Smith, pero el primero escribió que el efecto del comercio es la riqueza casi treinta años antes de que el segundo publicara “La Riqueza de las Naciones”, libro que fundamenta la teoría del capital y del mercado.

La diferencia es que Montesquieu habla del comercio desde el “derecho” y en base a su hipótesis sobre el espíritu de las leyes, es decir, la idea de que los legisladores deben tomar en cuenta el tipo de gobierno, la moral, las costumbres, el clima, el territorio y no el comercio por sí sólo, mientras que Smith se enfoca en la “economía” al intentar responder: ¿por qué hay naciones que son más ricas que otras?

Pero los economistas también deberían leer a Montesquieu, no sólo por su análisis sobre el comercio, sino también porque nos recuerda que las políticas económicas representan una de las variables que conforman el espíritu de las leyes y no la única, lo cual es algo que muchos olvidan.

El clima

Voy a comenzar esta sección con cautela. Admito que fue uno de los tramos de la lectura que más me incomodó. Por ende, primero, voy a describir las ideas de Montesquieu sin matizarlas. Después voy a contrastarla con un análisis contemporáneo. Por último haré una pequeña conclusión.

Montesquieu considera que la variedad de climas forma caracteres diferentes. Esto lo explica diciendo que los pueblos del norte tienen pocos vicios y bastantes virtudes, los del sur tienden a alejarse de la moralidad, ya que las pasiones más vivas multiplican la delincuencia, y los de las zonas templadas son inconstantes tanto en sus vicios como en sus virtudes porque el clima tampoco es fijo.

Por estos motivos, dice que los pueblos que viven en climas que degradan las virtudes necesitan legisladores aún más sabios que en donde el clima las favorece. Consecuentemente, los malos legisladores favorecen los vicios del clima en vez de contrarrestarlos.

Un ejemplo serían los indios quienes, al vivir bajo un calor excesivo, encuentran apetecible estar quietos e inactivos.

Si el calor te inclina a no cultivar la tierra, las leyes deben fomentarlo para que no aumente la pereza.

Entonces debemos tomar en cuenta que cada pueblo tendrá necesidades distintas según su clima, lo cual resulta en una diversidad de leyes.

Esta teoría de Montesquieu cae en el “determinismo climático”, es decir, precisamente la idea de que el clima forma los caracteres.

Los deterministas argumentan que el  ambiente influencia la cultura, la salud, la política, la inteligencia, y hasta la religión de los seres humanos. Por lo tanto, las acciones humanas son determinadas por el ambiente físico.

Los posibilistas, por otro lado, dicen que distintas circunstancias pueden ser cambiadas por las actitudes y decisiones humanas que toman forma en tecnologías, valores, y hábitos.

Hardin (2009) nos dice que el determinismo climático o geográfico ha sido abandonado por las siguientes razones: sus implicaciones teleológicas van en contra de los fundamentos de la ciencia; la lógica causa-efecto que pregona no siempre se puede comprobar; se ajusta más a la probabilidad que al positivismo; la abruman las expectativas y excepciones; se asocia con los prejuicios, el racismo, la intolerancia, la eugenesia y el darwinismo social; y por último ha sido calificada como una pseudociencia. Concluye diciendo que el clima es un factor, pero no el único factor, ya que la gente se puede adaptar, entrando otras variables en juego. No deberíamos dejar de tomar en cuenta la influencia del medio ambiente, pero tampoco deberíamos ser deterministas sino optar por análisis más moderados o “centristas”.

El determinismo climático me recuerda al determinismo tecnológico. Al principio pueden sonar muy lógicos, pero se encuentran con tantos problemas y excepciones que en realidad no “determinan” la relación causa-efecto que pregonan.

Por ejemplo, hay estudios que comprueban que el cambio climático está provocando un reacomodo de los recursos naturales como el agua. También vemos lluvias o sequías donde antes no las había.

Eso por supuesto tendrá un efecto sobre las relaciones sociales. Sin embargo, preguntémonos si esos efectos se traducen de la misma forma si ocurren en el siglo XXI que en el siglo X.

Yo creo que no: la moral, las costumbres, y los conocimientos son muy distintos, por lo que nuestra reacción será distinta. Pensemos en la ONU y las ONGs. La ciencia también es muy distinta: no tardan en llegar las tecnologías que buscan resolver el problema (así como las que lo empeoran).

Además, nos encontramos con una paradoja: el cambio climático es afectado por los seres humanos. Es decir, si bien el clima nos puede afectar, también nosotros estamos afectando al clima, en este caso, de manera negativa.

¿Y cómo nos sobreponemos a eso?

Moral, luces, hábitos, ciencia y tecnología.

La tierra

Tras analizar la perspectiva de Montesquieu sobre el clima, no es raro que también considere que un tipo de terreno puede fomentar más la libertad que otro.

Lo interesante es que dice que una región montañosa puede asegurar la libertad mejor que una fértil porque es más difícil y menos útil invadirla. Además, vivir en un país estéril hace que sus ciudadanos se las tengan que ingeniar más para trabajar y crear lo que el terreno les niega. Por otro lado, en los países fértiles la abundancia trae consigo la desidia y la inactividad. Por lo tanto, los primeros tienden a estar más poblados que los segundos porque la gente quiere vivir en países buenos.

Montesquieu aplaude esa capacidad que tienen ciertos países de ingeniárselas para con el trabajo, el cuidado, y las buenas leyes, transformar la tierra y mejorar sus condiciones de habitabilidad. Hay “naciones destructoras” que “ocasionan males que duran más que ellas” así como “también hay naciones industriosas de bienes que les sobreviven”.

Al contrario, aquellos pueblos que “no labran la tierra no pueden formar una gran nación”. Por no cultivar la tierra, tendrán mayores libertades porque no estarán atados a ella ni a las leyes que la regulan, pero también serán vagabundos y ciudadanos errantes.

La moneda entonces se vuelve crucial para los pueblos que trabajan la tierra, ya que esa unión “hace la fuerza” y trae consigo artes y conocimientos organizadas a través de leyes civiles que regulan la viveza de las personas.

Otra vez vemos que el espíritu de las naciones las obliga a moldear sus leyes según factores que son distintos en cada región. Pero pensemos también en el tiempo: hablar de agricultura como la fuerza de una nación era muy normal en el Siglo XVIII. En nuestra era lo sigue siendo, aunque también debemos mencionar la innovación, el turismo, los servicios, en fin, cada país analizará cómo diversificar su economía para no estancarse.

La esclavitud

Otra sección del tratado de Montesquieu que me incomodó porque escribe en contra de la esclavitud pero al mismo tiempo la apoya.

¿Cuáles son los orígenes de la esclavitud?

1) Piedad: en la historia, hubo ocasiones en las que se consideraba “piedad” no matar a los prisioneros, sino esclavizarlos. Sin embargo, Montesquieu considera que estos prejuicios son falsos porque: en la guerra no es lícito matar a los prisioneros porque no hay necesidad de ello, al contrario, ese tipo de homicidios son reprobados por todas las naciones; la libertad no puede venderse porque un esclavo no da ni recibe nada; cuando se pone en riesgo la libertad de un ciudadano, se pone en riesgo la libertad del Estado; recordemos que la libertad no es libertinaje ni anarquía, la libertad es en relación con los demás y no consiste en abusar de nuestro poder: cuando un asesino infringe la ley, debe someterse a dicha ley, ya que ésta también se creó para protegerlo; finalmente, si ni un prisionero ni un padre pueden ser esclavos, menos lo podrán ser los hijos. Para conocer más sobre el concepto de libertad, recomiendo leer la primera parte de mis publicaciones sobre “El Espíritu de las Leyes”.

2) Desprecio: por lo general de una nación hacia otra porque tiene costumbres diferentes. Necesitamos de los conocimientos y de la razón para superar los prejuicios que nos hacen perder nuestra humanidad.

3) Religión: le da derecho a, por ejemplo, los conquistadores de América, a esclavizar a los indios y a los negros para convertirlos al cristianismo.

Es aquí donde Montesquieu se empieza a contradecir un poco, ya que, pretende argumentar a favor del derecho que tienen los blancos de esclavizar a los negros.

En primer lugar, establece su utilidad: cuando los blancos exterminaron a los pueblos de América, necesitaron llevar esclavos de África, de tal manera, lograron bajar los precios del azúcar, gracias a que obligaron a los negros a cultivar la caña. Vemos entonces un argumento cruel, inhumano, y utilitarista. Reflexionemos: ¿cómo se repite este argumento traducido al lenguaje de nuestros tiempos? Esa es una reflexión para la vida.

En segundo lugar, era inconcebible para Montesquieu que “dios” pudiese crear seres tan feos y con tan poco sentido común: ¿cómo era posible que prefirieran collares de vidrio que de oro? Para Montesquieu, suponer que los negros son humanos, es suponer en contra de la mismísima cristiandad. Sólo los “espíritus pequeños”  exageran las “injusticias” que se han cometido en contra de los negros.

Vemos cómo incluso en el “Siglo de las Luces” el racismo va argumentando, en base a la religión e incluso la lógica, la exclusión de ciertos grupos indeseables que nada más les servirán a las élites de poder por su utilidad y no por su humanidad. Dirán que es la única opción puesto que no se puede hacer nada con quienes no recibieron la gracia divina ni en raza ni en clima.

Para Montesquieu, entonces, existe un “verdadero origen del derecho de esclavitud”, fundado en la “naturaleza de las cosas”: la esclavitud es razonable cuando un hombre libre pero débil elige a un amo para mejorar su condición; y también es razonable cuando el clima te hace perezoso.

Por lo tanto, la esclavitud es buena en algunos países, pero en otros no. Obviamente: en Europa la esclavitud es mala, pero en África y América puede ser buena.

Claramente, Montesquieu se traspapeló en esta parte de su análisis, ya que no pudo escapar de sus prejuicios racistas y etnocentristas. Al intentar acomodarse diciendo que la esclavitud es contraria a la libertad, pero que a la misma vez unos grupos pueden ser esclavos y otros no por raza, clima, religión o costumbres, entonces vemos que su lógica se desploma porque se convierte en un capricho.

De hecho, Montesquieu admite esto, al decir: “No sé si este capítulo me lo ha dictado el entendimiento o el corazón”.

Cuando Montesquieu se aleja de los argumentos sobre raza, clima y religión, y se acerca a la teoría sobre los tipos de gobierno, sus ideas se cohesionan y fortalecen.

Por ejemplo, cuando nos dice que solamente los Estados despóticos cultivan y aprecian la esclavitud, ya que en su naturaleza no se encuentra la libertad.

O cuando considera que la esclavitud no es buena ni útil para ninguna de las partes involucradas porque ni el esclavo ni el amo desarrollan virtudes sino malos hábitos.

O cuando establece que los conocimientos y la razón conforman nuestra humanidad, mientras que los prejuicios nos pueden hacer crueles y coléricos, alejándonos de ella. Por ende, al contraponerse a la virtud, la esclavitud es contraria al espíritu de la democracia.

Muchas contradicciones, muchos aprendizajes.

Aprecio el esfuerzo de Montesquieu y entiendo que en su contexto fue difícil librarse de todos los prejuicios inculcados por su cultura. A la humanidad siempre le toca progresar estimando los errores y construyendo en base a las fortalezas.

Las costumbres

Hay que analizar las costumbres de cada pueblo a la hora de legislar para que no se destruyan las virtudes que ya existen y para que el marco legal se ajuste al país. Sin embargo, tomemos en cuenta que, según Montesquieu, las leyes, a través de su rigidez, no cambian las costumbres, sino que son las nuevas costumbres que adopta el pueblo por incentivo y decisión propia lo que va formando una nueva cultura.

De tal manera, establece algo importante: las costumbres son una institución. Reflexionemos sobre eso: las buenas y malas costumbres como institución que forjan el país tanto o más que la constitución y las leyes.

Finalizo esta sección comentando sobre las costumbres que Montesquieu considera se deben fomentar.

Primero, pareciera que vuelve a traer consigo su etnocentrismo, diciendo que es mejor la “vanidad” de los franceses por sobre el “orgullo” de los españoles porque la vanidad hace que las personas busquen el lujo, la industria, el arte, la moda, la urbanidad, el gusto, mientras que el orgullo trae consigo la pereza, la pobreza, y la destrucción.

Creo que podemos reflexionar sobre las deficiencias del orgullo, pero de ahí a celebrar la vanidad, hay un mundo. Pareciera que Montesquieu está a la defensiva. Me pregunto yo: ¿hubiese dicho lo mismo sobre la vanidad después de que los franceses sacaron a Luis XVI y María Antonieta a golpes de Versalles?

Después Montesquieu se acomoda un poco diciendo que deberíamos estimar a las personas por dos cualidades: la riqueza y el mérito. De tal manera, el lujo no dependería tanto de la vanidad sino de las necesidades reales, es decir, cada persona es útil en vez de aduladora, cada quien busca sus intereses y no pierde el tiempo en galanterías, cada habitante de la urbe busca agradarse pero en base a las costumbres y no de modales rebuscados, cada cual razona, bien o mal, pero razona, y por lo tanto cada ciudadano es libre porque es soberbio y no vanidoso. Esas naciones, es cierto, pueden ser frívolas, pero también ingeniosas.

La religión

Montesquieu analiza la religión en su relación con las leyes y el orden civil, estableciendo que el cristianismo no está opuesto a esos códigos.

Sugiere que la religión no debe establecer leyes sino consejos. Debido a que la religión busca lo mejor que es la perfección; las leyes son para todos, la perfección no. Por ejemplo, el celibato debe ser un consejo, no una ley, para quienes busquen ese camino.

“Cuando hay muchos motivos de odio en un Estado, es preciso que la religión dé muchos medios de reconciliación”.

También advierte sobre los peligros de los dogmas, los cuales pueden tener consecuencias funestas para la sociedad.

Además, las penitencias y las fiestas deben tomar en cuenta el trabajo en vez de fomentar la ociosidad, deben impulsar la sobriedad en vez de la avaricia, y considerar el bien por sobre lo milagroso. Se deben poner las necesidades de los pueblos por sobre la veneración.

“En las buenas repúblicas se ha reprimido no solamente el lujo de la vanidad, sino también el lujo de la superstición, promulgando leyes suntuarias de carácter religioso”. Es decir, las repúblicas no admiten que la religión destruya el patrimonio público.

“He aquí el principio fundamental de las leyes políticas en materia de religión: cuando se es árbitro de admitir o no admitir en un Estado una religión nueva, lo mejor es no admitirla; pero una vez establecida, es menester tolerarla”.

En estas dos últimas ideas, en mi opinión, deja la puerta abierta para la libertad de religión y la separación Iglesia-Estado, a pesar de no mencionar esos dos conceptos de manera explícita.

El comercio

El comercio conlleva a la paz porque dos naciones

“que comercian entre sí dependen recíprocamente la una de la otra… Toda unión está fundamentada en necesidades mutuas. Pero si el espíritu comercial une a las naciones, a los individuos no los une. En los países donde domina el espíritu del comercio en todo se trafica, se negocia en todo, incluso en las virtudes morales y las humanas acciones. Las cosas más pequeñas, las que pide la humanidad, se venden y se compran por dinero”.

Montesquieu apreciaba el comercio porque le permite a los pueblos intercambiar su cultura y desarrollar una cierta amabilidad. Es decir, el comercio puede traer consigo prácticas más civilizadas entre las naciones, pero no ocurre lo mismo entre los individuos, ya que éstos generan un “sentimiento de escrupulosa justicia” que está opuesta al robo, pero que, al surgir de los intereses personales, puede ser tan rígida y egoísta, que también se opone a la compasión y la generosidad.

En cuanto a la pobreza, considera que a los pueblos o los hace pobres su gobierno o son pobres por desconocer o desdeñar posibilidades mejores. El pobre es pobre no porque no tiene nada sino porque carece de trabajo. La pobreza particular por lo general se deriva de la miseria común del Estado. Un ejemplo es cuando el rey de Inglaterra, Enrique VIII, prohibió la actividad de los frailes porque eran gente perezosa que comían sin trabajar y le contagiaban su ociosidad a los demás. Desde entonces, dice Montesquieu, en Inglaterra se desarrolla el espíritu comercial e industrial.

Comentario: Interesante perspectiva que debemos tener en cuenta, sin embargo, debemos superar la eterna dicotomía que nos dice que la pobreza o es culpa del gobierno o es culpa del pueblo. Analicemos todos sus factores para encontrar soluciones que verdaderamente funcionen: políticas públicas, responsabilidad individual, educación, ofertas laborales, vivienda, urbanismo, sueldo, inflación, solidaridad, empatía, en fin, veamos el cuadro completo y no sólo las esquinas. Estudiemos las asociaciones, no nos quedemos con los discursos.

Montesquieu luego habla sobre la confianza, estableciendo que es crucial en las repúblicas porque le da seguridad a los emprendedores. El Estado despótico, por otro lado, no genera confianza porque no le importa adquirir sino conservar la servidumbre.

El autor admiraba el comercio en Inglaterra, ya que no tenían aranceles fijos sino que eran alterados por cada parlamento. Además, en vez de ponerle trabas al emprendimiento, se las quitaba, y en vez de depender de los tratados con otros países, dependía de sus leyes, las cuales ponían lo comercial por encima de lo político. Sin embargo, no le parecía correcto que Inglaterra le permitiera a la nobleza comerciar. Le gustaba más lo que ocurría en Francia: el comerciante puede llegar a ser noble, pero el noble no puede ser comerciante.

En cuanto al comercio con otros países, diría que una nación no debe excluir del comercio a ningún Estado, al menos que hayan razones poderosas para hacerlo. El Estado también tendría que ser neutral entre sus aduanas y el comercio para que no se perjudiquen y haya mayor libertad. En Inglaterra, por ejemplo, despachar era muy fácil y rápido, mientras que otros países le hacían perder tiempo y dinero al negociante.

Una nota interesante de su análisis: existen efectos muebles e inmuebles. La riqueza inmueble pertenece a cada Estado, pero la riqueza mueble (dinero, acciones, mercaderías, etc.) pertenece al mundo entero, es decir, a un solo Estado del que “son miembros todas las sociedades”. Los pueblos que poseen más “muebles” son los más ricos. Éstos son adquiridos a través de sus industrias, sus productos, su trabajo, sus descubrimientos y a veces incluso la casualidad. La avaricia de las naciones las lleva a pelearse por estos bienes.

Sobre las exportaciones: “El país que exporta constantemente menos de lo que recibe, se equilibra él mismo empobreciéndose; recibirá cada vez menos hasta que, en ruina completa, no reciba nada. En los países comerciantes, el dinero que se va no tarda en volver, porque lo deben los Estados que lo hayan recibido; pero en las naciones de que venimos hablando no vuelve nunca, porque no deben nada los que lo han recibido”.

Las exportaciones y las importaciones entonces deben estar equilibradas, de forma que se genera una “superabundancia” beneficiosa para el consumo, las artes, el empleo, y la prosperidad en general.

Si bien el comercio generará cosas superfluas, también se puede volver lo superfluo útil y lo útil necesario. De tal manera, la población tendrá acceso a cosas necesarias.

Por lo tanto, no son las naciones que no necesitan nada las que pierden practicando el comercio sino que “pierden las que tienen necesidad de todo”. Es decir, los pueblos que no comercian con nadie, no tienen nada porque el efecto del comercio es la riqueza.

La moneda

El Estado es próspero cuando la moneda es representativa de los bienes y se pueden adquirir cosas según su valor efectivo o relativo.

Un ejemplo interesante es que cuando los españoles se llevaron de América toda la plata, cayó el precio de la misma en España y aumentaron todos los demás bienes, ya que estaba circulando mucho dinero sin ningún tipo de proporción. Aquí describe lo que hoy en día conocemos como inflación.

También habla del cambio, diciendo que a veces lo puede fijar el gobierno pero otras veces no.

El gobernante establece la proporción del dinero en base a un metal y cada moneda entonces tiene un valor positivo. Pero las monedas también tienen un valor relativo, el cual se compara con otros Estados y depende del cambio. Ese valor lo fijan los negociantes, varía continuamente y depende de muchas circunstancias, en especial la cantidad de dinero que tenga una nación por sobre otra. Cuando el cambio de un país es pobre, irreal, desproporcional, o inestable, las personas se llevan su dinero a un país que les asegure el valor de sus bienes.

De tal manera, advierte que en Italia hubo comarcas que dictaron leyes que impedían a la población vender sus propiedades, para que no se llevasen al extranjero sus fortunas. Montesquieu dice que esta ley quizá tenía sentido hace muchos siglos, pero desde que existe el cambio, las riquezas ya no son solamente de un Estado y pueden moverse fácilmente, por lo que esta ley es mala porque perjudica a los propietarios, desincentiva al extranjero a traer sus riquezas al país y es fácilmente eludible.

También opinaba que la función de los banqueros debe ser cambiar dinero, no prestarlo, porque cuando prestan dinero buscan sacarle provecho a las deudas, sin que se les pueda acusar de usura. (Quizá esto hoy en día suene disonante, pero no olvidemos que la crisis de 2008 surge porque las entidades financieras apostaron con las deudas. Los bancos pueden prestar dinero, pero de manera responsable).

El Estado, por otro lado, debe cuidar su deuda, crear un fondo de amortización para situaciones imprevistas, y generar confianza.

Referencias

Todas estas notas surgen de mi lectura e interpretación de la siguiente versión de “El Espíritu de las Leyes”: http://bibliotecadigital.tamaulipas.gob.mx/archivos/descargas/31000000630.PDF

Aquí comparto el ensayo de Hardin (2009) sobre el determinismo climático http://dc.etsu.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=3191&context=etd

Y el ensayo de Keynes aclamando a Montesquieu por su teoría económica: http://cas.umkc.edu/economics/people/facultypages/kregel/courses/econ645/winter2011/generaltheory.pdf

Advertisements

5 thoughts on “Libro: “El Espíritu de las Leyes” por Montesquieu (1748) | Parte 2 de 3: Comercio y Esclavitud

  1. Hola, estoy ayudando a mi hijo a preparar el BAC oral de Francés y es por este motivo que estamos estudiando detenidamente el comentario de texto sobre el ensayo de Montesquieu “La esclavitud de los negros”, de su libro “Es espíritu de las leyes”. Este texto lo han estudiado en clase de Francés y se incluye en la prueba oral de lectura analítica. Sólo quería comentarte que tu interpretación de este texto no es correcta. Justamente, la visión que defiende Montesquieu es la de atacar ferozmente la esclavitud, no la de defenderla. Su texto se enseña en los liceos de toda Francia como ejemplo genial de ironía (que, si te fijas bien, recorre todo el texto). La gran jugada maestra es precisamente la de utilizar el género literario del ensayo, que es directo, real (la ficción no tiene cabida aquí), generalmente escrito en primera persona del singular, y que expresa la opinión personal del autor, SIN utilizar ningún personaje inventado para ser portavoz del mensaje que quiere transmitir. Al leer un ensayo, el lector no tiene más que enterarse de lo que piensa quien lo escribe, sin más. Pero hete aquí que Montesquieu hace una zancadilla y escribe una “paradoja”: usa a un esclavista para atacar la legitimidad de la esclavitud. Algo así como nombrar al zorro para que cuide el corral de las gallinas, vamos. Avanza argumentos de tres tipos: económicos, políticos y religiosos (varios de cada rubro), pero todos y cada uno de ellos son tan insostenibles que el “defensor” queda ridiculizado. Es el sistema de defender la propia argumentación defendiendo, en apariencia, la contraargumentación o argumentación contraria, presentándola de manera caricatural para así desprestigiarla. Con esta técnica, Montesquieu obliga al lector a sacar una conclusión propia de cada argumento que propone, lo empuja al análisis, en lugar de aceptar como veraz cada palabra que escribe. El lector tiene que tener una lectura interactiva, por así decirlo, cosa que no se estila en un ensayo, donde se emite el mensaje directamente. Vuelve a leer el texto desde el registro irónico (no llega a ser una sátira, como estila hacer Voltaire, por ejemplo) y verás que tu interpretación da un giro de 180°. Quería hacerte esta aclaración porque justamente se advierte en los liceos franceses del supremo error de hacer una lectura literal sólo por el hecho de tratarse de un ensayo. (¿Entiendes por qué lo han estudiado en clase en detalle y por qué lo incluyen en el examen oral, para ver quién “pica” y cae en la trampa de interpretación?). En realidad, sus argumentos atacan las creencias religiosas (que permiten la esclavitud), por medio de un silogismo (“Dios es sabio, Dios no pensaría en dotar de un alma cristiana/pura a un cuerpo impuro, ergo, los negros no pueden tener un alma”, entendiéndose por Blanco es puro, Negro es impuro o sucio), las pseudo creencias filosóficas: si los egipcios (a los que cita el esclavista, para apoyar su tesis, como los filósofos más avanzados) mataban sistemáticamente a todos los pelirrojos que se les cruzaban, puesto que son los filósofos más grandes sabrán lo que hacen y porqué, así que yo, dice el negrero, puedo esclavizar a los negros sin más. Cabe preguntarse: ¿por qué los egipcios mataban a los pelirrojos? Por superstición. Ah, vaya, entonces, si eran así de supersticiosos como para convertirse en asesinos en serie, pues tan filósofos y sabios no deberían ser. Así que adiós con el respaldo de los egipcios. Si te das cuenta, todos sus argumentos se caen por su propio peso, nada logra sostenerlos, y es el fin buscado: la ridiculización de esos argumentos para que NO CREAS en ellos. Admito que, si lees este ensayo sin más, puede llevarte a confusión, pero, al realizar un análisis de texto y, sobre todo, al compulsarlo con el resto de la obra de Montesquieu, lo ves muy claramente. Como filósofo del período de Lumières, sus ideas atacan todo lo que limite la libertad de pensamiento y el oscurantismo religioso o la ceguera política. En realidad, los escritores de este período no eran muy amados por las autoridades religiosas, así que lo de citar a Dios como argumento de defensa no es porque Mostesquieu creyera mucho en él para formar sus opiniones. En suma, lo que buscaban los representantes de esta época era enaltecer la inteligencia humana y elevar su capacidad de análisis y para ello se servían de varios instrumentos de lengua, entre ellos, la ironía y la sátira. Reconozco que Voltaire es más explícito. Espero que te sea útil esta aclaración.

    Like

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s