Libro: “Más Allá del Bien y del Mal” por Friedrich Nietzsche (1886)

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Leer a Friedrich Nietzsche es una verdadera montaña rusa. A veces te va a emocionar y a inspirar, después te enoja e irrita. Y hay una línea fina, donde si no entiendes el fundamento de su filosofía, puedes correr el riesgo de tomar sus postulados como “objetivos” cuando era la misma objetividad lo que cuestionó.

Por eso, comencemos con el Nietzsche que te hace enojar, para llegar al fondo de su filosofía y al fondo de lo que significa ir “más allá del bien y del mal”.

Una pregunta que me hice mientras me leía esta obra fue: ¿lo que Nietzsche propone es una filosofía que lleva la contraria por llevar la contraria?

Uno puede pensar que Nietzsche a veces defendía lo indefendible para incitar a las personas a desafiar sus “dogmas”, una filosofía inconforme, incómoda, y solitaria, que iba en contra del “rebaño”.

Por eso es que quizá se puede interpretar que cuando Nietzsche hablaba en contra de la mezcla de razas era para cuestionar la modernidad de su época y no porque fuera racista, que cuando Nietzsche criticaba a las mujeres, era para desafiar los sentimientos de inclusión de su época, más que por misoginia.

Sin embargo, debo decir que me dio la impresión que cuando Nietzsche parecía ser racista, era porque era racista, cuando insultaba a las mujeres, era por misoginia, e incluso cuando aplaudía a los judíos, no era porque entendiera, como ahora, que el anti-semitismo surge de la ignorancia, de la generalización, de un odio irracional cultivado a través de los años, sino que aplaudía a los judíos por su “naturaleza”, esa naturaleza que hace al judío naturalmente distinto al inglés y al francés. Para Nietzsche algunos de los problemas de la modernidad precisamente surgen cuando las razas se mezclan, no por mera xenofobia, no por el rechazo al Otro, sino porque cuando las razas se mezclan también mezclan sus instintos naturales lo cual genera parte del caos y la confusión moderna.

Eso que Nietzsche creía entender por la naturaleza del ser humano, estaba en el corazón de varios de los conceptos que propone.

Tomemos como referencia la siguiente cita, en la que, según Nietzsche, a las mujeres:

“Se las quiere ‘cultivar’ aún más y, según se dice, se quiere, mediante la cultura, hacer fuerte al ‘sexo débil’: como si la historia no enseñase del modo más insistente posible que el ‘cultivo’ del ser humano y el debilitamiento, es decir… el enfermar de la fuerza de la voluntad, han marchado siempre juntos, y que las mujeres más poderosas e influyentes del mundo (últimamente, la madre de Napoleón) han debido su poder y su preponderancia sobre los varones precisamente a su fuerza de voluntad  ¡y no a los maestros de escuela! Lo que en la mujer infunde respeto y, con bastante frecuencia, temor es su naturaleza, la cual es ‘más natural’ que la del varón, su elasticidad genuina y astuta, como de animal de presa, su garra de tigre bajo el guante, su ingenuidad en el egoísmo, su ineducabilidad y su interno salvajismo, el carácter inaprensible, amplio, errabundo de sus apetitos y virtudes” – Friedrich Nietzsche en “Más Allá del Bien y el Mal“.

Algo así debe ser lo que opinan  en la Arabia Saudita contemporánea. Pero en realidad, este razonamiento se utiliza hoy en día de muchas maneras: en el machismo, en el racismo, en el etnocentrismo, etc. Es un razonamiento moral, subjetivo, y prejuicioso, que no está basado en el conocimiento empírico.

Esa idea de que la naturaleza de las personas está establecida de una manera estricta, no es más que “mi” manera de percibir lo innato: a las mujeres les gusta el rosado porque son mujeres y a los hombres el azul porque son hombres. Si al hombre le empieza a gustar el rosado entonces algo anda mal. ¡Díganselo a los hombres que hoy en día compran camisas rosadas para ir a trabajar!

¿Quién dice que lo natural de la mujer es su “interno salvajismo” o su “garra de tigre bajo el guante” o ¡su ineducabilidad! cuando las mujeres tienen tantas personalidades que es ridículo establecer tal cosa como innata en todas ellas?

Tomemos en cuenta que, en otra cita, Nietzsche dice que las mujeres han sido dueñas de la cocina por milenios y, sin embargo, no han aprendido a cocinar. Es decir, si pudieran aprenderlo, fuesen excelentes cocineras. Suena incluso cómico hoy en día: hay una diferencia abismal entre cocinar porque la sociedad te lo impone, que cocinar por placer o porque quieres convertirte en una chef Michelin, para lo cual tendrías que APRENDER las distintas técnicas de cocina.

Si fuera tan fácil, todo el mundo lo haría. Pero no es fácil, ni “innato”, hay que ir de lo simple a lo complejo. Suena incluso ridículo tener que explicarlo. Y, sin embargo, este modo de pensar persiste, créanme que persiste.

Lo que Nietzsche creía entender sobre la naturaleza del ser humano, está intrínsecamente aunado en su filosofía, por lo que es peligroso leerlo con ligereza.

Incluso la idea de la “voluntad de poder”, dice Nietzsche, forma parte de la naturaleza de las personas. La vida es “voluntad de poder”, todos tenemos más o menos poder, que lo utilizamos según corresponda, eso es lo natural, lo normal, el maestro domina al esclavo y el esclavo se subleva para convertirse en maestro, los que son nobles alguna vez también fueron bárbaros.

Creo que la vida es un poco más compleja que eso, no es decir que las relaciones de poder no existen, sino que la vida no es la simple voluntad de poder, la vida no es simplemente dominar al otro, dejarse dominar, o rebelarse. Ese concepto lo podemos llevar nosotros moralmente, pero es eso: una narrativa reforzada en nuestras cabezas, más que una condición innata. Yo puedo, por ejemplo, no pensar en dominar al otro por la ambición natural y primaria de ir hacia el poder sino cooperar con los demás o ayudarlos sin esperar mayores beneficios a cambio.

Confundir lo innato con lo adquirido es algo muy común y sólo hoy en día a través de la revolución de la neurociencia es que estamos entendiendo toda su complejidad. (Recomiendo leer: Self Comes to Mind, por Antonio Damasio).

No me mal entiendan: no creo que la filosofía de Nietzsche no sirva para nada. Todo esto me lleva a la premisa del libro: ¿qué significa ir más allá del bien y del mal? 

Nietzsche quería que cuestionáramos precisamente lo que creíamos conocer del mundo, nuestra filosofía, nuestra moral, que incluso lo cuestionáramos a él, porque los filosófos, los científicos, los artistas, somos todos prejuiciosos, la diferencia es que unos lo admitimos y otros no.

Es paradójico que el prejuicio es uno de los aspectos más “innatos” del ser humano y, sin embargo, lo podemos superar a través del pensamiento consciente, a través de la educación, porque superarlo no es algo que ocurre de la noche a la mañana: moldear y cambiar las “narrativas” reforzadas en nuestras mentes, afectar nuestro inconsciente, es algo que ocurre con el tiempo.

Nuestros “prejuicios” y nuestra “vanidad”, nos producen la necesidad de creer que estamos en lo correcto, y al tener esa voluntad de justificarnos, buscamos argumentar nuestra “perspectiva” más que buscar la “verdad” que tanto pregonamos. Por lo que, para encontrar las respuestas necesarias, primero tendríamos que admitir nuestras disposiciones, nuestros contextos, nuestra subjetividad.

Ir más allá del bien y del mal es simple: no pintar en blanco y negro, sino buscar los matices.

Esa es la base de la teoría de Nietzsche, un fundamento sin duda “liberador”.

Pero no es perfecto, el mismo autor negaría que hubiese tal cosa.

Su filosofía puede ser liberadora y a la vez “solitaria”.

¿Nietzsche proponía llevar la contraria por llevar la contraria para salir del rebaño y superar los dogmas?

Creo que su método tiene mucho de eso. Creo que donde parecía ser racista era porque su irreverencia le exigía decir las cosas como él las creía: le doliera a quien le doliera.

Y por eso estoy en desacuerdo con la forma en que Nietzsche pretende ir más allá del bien y del mal: porque es un proyecto que, al buscar independizarse del “mainstream” puede ser tan radical que justifica lo injustificable. No es necesario ser solitario para ser “crítico”, entender lo complejo, y superar nuestros dogmas, ya que también necesitamos aprender a llegar a consensos, los cuales a su vez no significan que vivamos en el “rebaño” sino que los consensos son necesarios para vivir en sociedad, para progresar moralmente, para superar nuestros prejuicios.

A través de la dialéctica, de la ética, de los descubrimientos científicos, y de la inconformidad podremos superar los dogmas.

Hay que ir de lo simple a lo complejo.

Hay que ser críticos y también llegar a consensos.

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4 thoughts on “Libro: “Más Allá del Bien y del Mal” por Friedrich Nietzsche (1886)

    1. Ahí es donde entra la conversación “semántica”. Los conceptos, “encuadran” nuestras narrativas, “estructuran” la manera en que vemos el mundo. Es importante el resto del contexto de mi post: Nietzsche veía el poder como algo “natural”, la vida es el poder. Lo que yo argumento es que no es natural, no hay nada innato sobre el poder, no es más que un encuadre o narrativa que nos ayuda a estructurar ciertos fenómenos. Puedes ver la cooperación desde dos encuadres: “relación de poder” o “relación social”, en la primera sí entra la lógica de dominación porque la narrativa dice que vas a compartir tu poder para ser o no ser dominado en un momento determinado, en el segundo encuadre pueden entrar factores del capital social, de la satisfacción personal, del bienestar general, donde el interés propio no necesariamente está por delante que el ayudar a los demás. Por eso es que incluso la lógica de que los individuos siempre actúan en base al “interés personales” es tan refutada. Recordemos que por eso es que Nietzsche tampoco creía en las democracias: la voluntad del poder y su filosofía es “severa”. No confundamos la teoría de Nietzsche con la de otros autores. El poder no es natural, es una narrativa y, como tal, no es una “meganarrativa”, sino solo un concepto más de una “sociedad sin relato”. Ahí es donde la teoría de Latour también es tan esclarecedora.

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