Libro: “The Net Delusion” por Evgeny Morozov (2012)

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Título exagerado pero provocativo, lo cual es muy usual hoy en día. “No juzgues un libro por su portada”, revisa el contenido.

Por el título parecería un libro apocalíptico, pero pretende ser realista, desafiando las ilusiones de los integrados utópicos, sobretodo todo en cuanto a lo que se puede lograr a través de la “libertad en internet”.

Intenta superar la idea de que el medio o los emisores son suficientes para dominar o liberar países cuando a la hora de derrotar dictaduras hay desafíos muchos mayores que esos.

No niega que internet puede ser una herramienta útil para los movimientos sociales, pero debemos superar el determinismo tecnológico, cuando hay muchos factores mucho más complejos en juego.

Recomiendo este libro cuyo único defecto es una redacción que tiende a ser demasiado redundante, repitiendo la misma idea una y otra vez. Su mayor fortaleza, sin embargo, es dar una numerosa cantidad de ejemplos para argumentar su premisa.

A continuación resumo algunas ideas del análisis de Morozov. 

Promoción de la democracia online: utopías, ilusiones, y oportunidades

Las guerras de Irak y Afganistán le dieron un mal nombre a la “promoción de la democracia”. Y, sin embargo, occidente sigue teniendo la obligación de promover valores democráticos, alzar la voz en contra de las violaciones a los derechos humanos, y sancionar a quienes oprimen a sus ciudadanos.

Lo que no hay es acuerdos acerca de los métodos que occidente debe tomar.

El problema es que las tácticas neoconservadoras fueron correctamente descreditadas, pero nada concreto las ha reemplazado. Debemos encaminarnos hacia llenar ese vacio.

Una idea que se ha querido impulsar es que las largas dosis de información y comunicación a través de las nuevas tecnologías son letales para los regímenes represivos.

Sin embargo, tal idea niega que el autoritarismo no siempre le huye al hedonismo y el consumismo porque Steve Jobs y Ashton Kutcher hoy en día son más respetados que Mao o el Che Guevara.

De tal manera, las políticas de “emancipación a través de internet” han creado un “ciber-utopismo” como idea cándida de que la comunicación online es de naturaleza emancipadora, impidiéndonos ver sus efectos negativos.

Debemos recordar que el internet afecta toda la vida política, no solo aquellas vías que llevan a la democracia.

No se trata de rendirse y pensar que el internet no sirve para nada, rendirse de esa manera seria también hacerle el juego a los dictadores. La lección que hay que aprender es que el internet está aquí y se va a quedar, va a ser cada vez más importante y quienes queremos más democracia no debemos cegarnos ante los mecanismos y procedimientos que pueden potenciar sus usos o banalizarlos. No debemos negar los contextos a la hora de elaborar políticas públicas, debemos analizar las culturas y los modos de opresión para que sean más efectivas.

La premisa de este libro es que para salvar la promesa de internet de pelear el autoritarismo debemos deshacernos del ciber-utopismo. Al deshacernos de esas “ilusiones” que pueden dañar más que impulsar los valores democráticos debemos optar por políticas realistas que examinen los riesgos y peligros presentados por el internet, analizando sus fortalezas y debilidades sin prejuicios, y una teoría de acción que sea sensible al contexto local, que debe articularse con, tanto políticas de internet como con el resto de políticas públicas, tomando forma en, no lo que la tecnología permite, sino lo que un cierto ambiente geopolítico requiere.

Las nuevas formas de ser autoritario

El autor repasa cómo se dijo que la Revolución Verde en Irán fue posible gracias a internet negando que muy pocos utilizaron Twitter, por ejemplo, y que la gran mayoría de hashtags provenían de un occidente impresionado por los acontecimientos.

A pesar de eso, desde EEUU se impulsó tanto la idea de que gracias a Twitter Irán se liberaría, que el gobierno de Ahmadinejad utilizaría esa misma lógica como excusa para controlar, cercenar, y perseguir las redes para defender la soberanía nacional porque el imperialismo estaba admitiendo que estas eran herramientas de manipulación occidental.

Ese mismo discurso que justifica la represión por culpa de la narrativa de la “liberación a través de internet” se ve en China, Rusia, Venezuela, entre otros, y es producto de un ciber-utopismo que nos impide crear políticas y discursos más efectivos.

Además, ¿cómo negar que el internet se puede utilizar tanto para liberar como para reprimir?

Si hay algo que la historia de Edward Snowden comprobó es que no somos libres de ser perseguidos y vigilados a través de internet, no sólo en las dictaduras, sino también en las democracias.

De hecho, internet muchas veces le hace el trabajo más fácil a las fuerzas de inteligencia.

También negamos que a veces a los regímenes autoritarios les gusta internet.

Tomemos como ejemplo lo que fue la imagen de Hugo Chávez en Twitter.

Chávez abrió su cuenta para impulsar su propia agenda de manera global. Chávez ya no sólo utilizaría su carisma en las calles o en la TV, sino que también promovería su régimen en internet: después de todo, según la lógica de que internet es una herramienta de las democracias, si estás en Twitter, no puedes ser un dictador.

Otro aspecto a tomar en cuenta es cómo el internet puede ser contraproducente para la organización social.

Los ciudadanos pueden pensar que el internet es lo único que importa, dejando de lado maneras complejas de organización y cooperación, dejando de lado lo urbano y la conexión cara a cara con otras personas.

La infoxicación y el entretenimiento online, también son ideales para los regímenes autoritarios, ya que la gente cuando está cansada del país encuentra refugio del estrés social en YouTube, Facebook, Twitter, Netflix, HBOGO, etc.

Los regímenes autoritarios también han creado guerrillas para contrarrestar los discursos en internet, maquinarias sofisticadas para manipular, dividir, perseguir, identificar, y confundir.

También está el problema de que la gente muchas veces utiliza estas herramientas, no para encontrar nuevos amigos en otros países o para informarse desde distintos puntos de vista, sino para justificar sus prejuicios.

Como modo de conclusión y reflexionando sobre la lectura, veamos  lo que ocurre hoy en día con el régimen de Nicolás Maduro: los ridículos hashtags de la guerrilla comunicacional del gobierno venezolano están demasiado desconectados de la realidad, por lo que se pone en duda su efectividad. De igual manera, del lado de la oposición hay tantos mensajes que se contraponen y generan confusión que muchas veces han desarticulado una estrategia unitaria.

Todo esto comprueba que el contexto importa, que la realidad social importa, y que la tecnología, aunque importante y sin duda parte de la estrategia, es insuficiente.

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