Artes Plásticas: “An Oak Tree” por Michael Craig-Martin (1973)

An Oak Tree 1973 Michael Craig-Martin born 1941 Lent from a private collection 2000 http://www.tate.org.uk/art/work/L02262
An Oak Tree 1973 Michael Craig-Martin born 1941 Lent from a private collection 2000 http://www.tate.org.uk/art/work/L02262

Quizá todavía estés confundido y creas que me equivoqué de foto. “¿Dónde está la obra de arte?” te preguntarás.

Es esa. O ese. El vaso de agua.

Quizá ahora estés pensando: “Pero, por favor: ¡eso no es arte!”.

Quizá tengas razón.

No es arte en la manera tradicional que todos imaginamos: Michelangelo, da Vinci, Picasso, Dalí, estos artistas nos hacen sentir algo con sus expresiones, su “belleza” estética o su selección de símbolos para emitir un mensaje.

Pero, en mi opinión, es tan difícil explicar qué es esta obra, que es imposible no decir que es arte.

De hecho, su descripción filosófica es tan compleja que nos invita a reflexionar sobre nuestro conocimiento.

Eso es el arte conceptual.

¿Qué es el arte conceptual?

La Enciclopedia de Stanford dice:

“La mayor parte del arte conceptual busca ser controversial en la medida en que pretende poner en entredicho y obliga a cuestionar acerca de lo que tendemos a dar por sentado sobre el dominio del arte. De hecho, esta faceta de evocar la argumentación y el debate se encuentra en el corazón mismo de lo que intenta lograr, es decir, para hacernos cuestionar nuestras suposiciones no sólo sobre lo que puede clasificarse correctamente como el arte y cuál debe ser la función del artista, pero también lo que nuestro papel como espectadores debe involucrar y cómo debe relacionarse con el arte. No debería ser ninguna sorpresa, entonces, que el arte conceptual puede causar frustración o enojo: plantear preguntas difíciles y a veces incluso molestas, es precisamente lo que el arte conceptual generalmente aspira hacer. En otras palabras: al reaccionar fuertemente al arte conceptual estamos cayendo en su juego” (Stanford Encyclopedia of Philosophy, 2007, traducido por Richard Tahan).

Ahora vayamos a la descripción de la obra por el Museo Tate:

“Un Roble (An Oak Tree) consiste en un vaso de agua ordinario colocado sobre una pequeña repisa de vidrio del tipo que normalmente se encuentran en un baño, que está unido a la pared por encima de la altura de la cabeza. Craig-Martin compuso una serie de preguntas y respuestas para acompañar a los objetos. En ellos, el artista afirma que el vaso de agua se ha transformado en un roble. Cuando ‘Un Roble’ se exhibió por primera vez, en 1974 en Rowan Gallery, Londres, el texto fue presentado impreso en un folleto. Posteriormente se une a la pared de abajo y a la izquierda de la repisa y el vaso.

El texto de Craig-Martin afirma deliberadamente lo imposible. Las preguntas sondean la imposibilidad evidente de la afirmación del artista con quejas tan aparentemente válidas como: ‘¿no has simplemente llamado a este vaso de agua un roble?’ y ‘pero el roble sólo existe en la mente’. Las respuestas mantienen convicción aunque admite que ‘el roble real está presente físicamente pero en la forma del vaso de agua… Así como es imperceptible, también es inconcebible’.

‘Un Roble’ se basa en el concepto de la transubstanciación, la noción central de la fe católica en la que el pan y el vino se convierten en el cuerpo y sangre de Cristo, manteniendo sus apariencias de pan y vino. La capacidad de creer que un objeto es algo más que su apariencia física indica que es necesario tener una visión transformadora. Este tipo de observación (y conocimiento) está en el centro de los procesos del pensamiento conceptual, por el cual los valores intelectuales y emocionales son conferidos en las imágenes y objetos. Un roble utiliza la fe religiosa como una metáfora de este sistema de creencias que, para Craig-Martin, es fundamental para el arte.

Él nos explica:

‘Consideré que en ‘Un Roble’ había deconstruido la obra de arte de una manera tal como para revelar su único elemento básico y esencial, la creencia de la fe del artista en su capacidad de hablar y la fe del espectador dispuesto en aceptar lo que tiene que decir. En otras palabras, la creencia subyace en toda nuestra experiencia del arte: se explica por qué algunas personas son artistas y otras no lo son, por qué algunas personas rechazan obras de arte que otros elogian, y por qué algo que sabemos que es genial, no siempre nos mueve’” (Manchester, E., 2002, traducido por Richard Tahan).

Esta descripción resume bastante bien, no solo la obra sino el arte conceptual.

A este género no necesariamente le interesa la “belleza” como mencioné anteriormente, lo que le interesa es encender el debate a través de postulados filosóficos complejos.

El concepto detrás de “Un Roble” está claramente influenciado por el postestructuralismo y el postmodernismo, movimientos que estudian y hacen críticas en base al lenguaje, la semiótica (signos y símbolos, significado y signicante), la metáfora, las narrativas, y la cultura, incluyendo el arte.

Tal vez te haya dado curiosidad la palabra “deconstruido” que utiliza Craig-Martin al referirse a su obra.

La teoría de la “deconstrucción” proviene del postestructuralista Jacques Derrida.

Repasemos estos conceptos muy brevemente para comprender mejor los motivos detrás de la obra.

Comencemos por el “estructuralismo”.

El teórico estructuralista Ferdinand de Saussure propuso que el significado del signo reside en el signo y en más ninguna parte. Para explicar esto, Saussure divide el signo en dos: significante y significado. El  significante es, por ejemplo, una palabra, y el significado su definición.  Casa = “Edificio o parte de él donde viven una o más personas”. 

Ahora, se dice significante y no simplemente palabra, porque las palabras no son los únicos signos, los cuales también pueden ser: luces de tráfico, flechas, gestos, etc. Pero la idea es la misma: relación significante-significado concreta.

El “postestructuralismo”, por otro lado, no ve la relación significante-significado de la misma manera.

Según Belsey (2002):

“El postestructuralismo propone que las distinciones que hacemos no son necesariamente dadas por el mundo a nuestro alrededor, sino que son producidas por sistemas de símbolos que aprendemos” (Belsey, 2002, traducido por Richard Tahan).

Además, nuestras ideas no son la fuente de nuestro lenguaje, sino al revés, nuestras ideas son efecto de los significados que aprendemos a reproducir.

Por ejemplo, ¿cómo interpretamos los textos que leemos? Tradicionalmente consultaríamos al autor directamente o estudiaríamos sus biografías, diarios, o cartas para analizar lo que quiso decir; sin embargo, para el postestructuralismo:

“Nosotros no poseemos el  lenguaje, el lenguaje existe antes y viene fuera de nosotros” (Belsey, 2002, traducido por Richard Tahan).

Con esto se buscaría argumentar, que debemos analizar el texto por sí solo, sin tomar en cuenta la interpretación del autor. En un poema, por ejemplo, nos interesan más los versos en sí, que la vida o incluso la opinión del autor para comprenderlos.

Roland Barthes nombra este concepto ”la muerte del autor”. A Barthes le preocupaban las instituciones que imponían el significado que quería dar el escritor de un texto, prohibiendo alguna otra interpretación que no fuera la oficial.

Al postestructuralismo le interesaba cómo el lenguaje trasmitía una verdad y le preocupaba la idea de verdades absolutas. Esto tiene relación con la tradición relativista de que toda verdad es propiedad del sujeto o el individuo y varía según cada interpretación. El postestructuralismo proponía que el sujeto es efecto de la cultura y es el resultado de un intercambio de símbolos, no al revés.  Aunque establezcamos el significado de un símbolo (como decía Saussure) e incluso creamos que lo que entendemos de ese símbolo son nuestras convicciones personales, éstas en realidad son inculcadas culturalmente.

Es por esto que Jacques Derrida, uno de los filósofos más influyentes del postestructuralismo, propone la “deconstrucción”, que se puede resumir así: nuestras opiniones derivan de alguna parte, incluso si no sabemos de dónde, no existe el conocimiento objetivo, ya que la subjetividad invade la objetividad, por lo tanto, debemos analizar el origen de esa invasión.

Para Derrida, los significados contienen oposiciones binarias (lo bueno y lo malo, por ejemplo), por ende, dependen en la diferencia o lo que Derrida llamaba “différance”: “si el significante difiere de otro significante también difiere del significado que produce”, es decir, “el significante toma el lugar del significado” (Belsey, 2002, traducido por Richard Tahan).

Volviendo a hablar sobre “Un Roble” (An Oak Tree), respondamos:

¿Es un roble porque el artista lo diga? ¿O acaso nosotros rechazamos que sea un roble porque estamos influenciados por nuestra propia cultura?

Si no tomamos literalmente lo que dice Craig-Martin, entonces ocurre lo que decía Barthes: muere el autor.

Referencias:

Belsey, C. (2002). Poststructuralism: a very short introduction. Oxford: Oxford University Press.

Manchester, E. (2002). An Oak Tree 1973. Tate Gallery. http://www.tate.org.uk/art/artworks/craig-martin-an-oak-tree-l02262/text-summary

Stanford Encyclopedia of Philosophy. 2007. Conceptual Art. http://plato.stanford.edu/archives/fall2008/entries/conceptual-art/#ConArtWhaIt

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