Libro: “The Political Mind” por George Lakoff (2009)

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“Tengo dos objetivos en este libro: informar al lector sobre los avances de nuestra comprensión científica de la razón humana y demostrar cómo ese conocimiento científico nos puede ayudar a entender nuestra política” (Lakoff, 2009: xxi, traducido por Richard Tahan).

“La mayoría de nosotros hemos heredado una teoría de la mente de la época de la Ilustración, específicamente, que la razón es consciente, literal, lógica, libre de emociones, incorpórea, universal, y funciona para servir nuestros intereses. Se ha comprobado que esta teoría de la razón humana es falsa en cada particularidad, sin embargo, persiste. En muchos aspectos de la vida esto podría no importar. Pero en la política esto tiene efectos negativos” (Lakoff, 2009: 3, traducido por Richard Tahan).

Este libro nos ayuda a entender aspectos fundamentales tanto sobre psicología como comunicación política.

Los argumentos de Lakoff se basan principalmente en los avances de la neurociencia y la psicología cognitiva sobre el funcionamiento del cerebro. Tales avances, según el autor, romperían mitos que la humanidad ha sostenido por mucho tiempo.

El ensayo también nos brinda un análisis político de la psicología del cerebro desde la perspectiva estadounidense, específicamente el escenario social que se vivió hasta 2008.

De tal manera, el autor nos indica las dos diferencias fundamentales entre las dos corrientes ideológicas más importantes de los EEUU: la conservadora y la progresista, republicanos y demócratas, respectivamente.

Lakoff, quien dice ser progresista, (ojo: el concepto de “progresista” puede ser interpretado de manera distinta en otras partes del mundo, así como el concepto de “libertad” no siempre es interpretado de la misma manera) argumenta que los conservadores, hasta ese momento habían ganado las batallas políticas más importantes de la historia reciente estadounidense porque sus campañas hicieron uso de la mente política, mucho mejor que los progresistas. Esto ocurriría en detrimento de la lucha contra la pobreza, la intolerancia, el cambio climático, y guerras como la de Irak.

El discurso es observado a través de esos lentes políticos. Él lo admite y dirá que no debemos huirle a los encuadres porque éstos forman parte de la manera en que pensamos. En cambio debemos ser emocionalmente inteligentes para reconocerlos y utilizarlos con propósitos positivos.

Entender la relevancia de esta discusión, requiere entender cómo nuestra mente política funciona, para así poder avanzar sobre mitos y paradigmas que, quizá fueron importantes en algún momento de la historia, pero que también están siendo refutados por nuevos descubrimientos.

En primer lugar, Lakoff hace una crítica a la Ilustración. Según el autor, de acuerdo a este paradigma, se asume que la Razón es:

“-Consciente: sabemos lo que pensamos;

– Universal: es igual para todos;

– Incorpórea: libre del cuerpo e independiente de la percepción y la acción;

– Lógica: consistente con las propiedades de la lógica clásica;

– Libre de emociones: libre de pasiones;

– Neutral: la misma razón aplica sin importar tus valores;

– Comprometida: sirve nuestros propósitos e intereses;

– Literal: encaja en un mundo objetivo preciso, siendo la lógica de la mente capaz de encajar en la lógica del mundo” (Lakoff, 2009: 7-8, traducido por Richard Tahan).

Este pensamiento se articula con otro mito popular:

“Los electores deberían votar en base a sus intereses; deberían calcular cuáles políticas y programas son mejores para sus intereses y votar por los candidatos que aboguen por esas políticas y programas. Pero los electores no se comportan de esa manera. Ellos votan en contra de sus intereses más obvios; permiten que su parcialidad, prejuicio, y emoción guíen sus decisiones; argumentan vehementemente en base a valores, prioridades, u objetivos. O silenciosamente llegan a conclusiones independientes de sus intereses sin entender conscientemente el porqué. La razón ilustrada no toma en cuenta el comportamiento político verdadero porque la perspectiva que tiene la Ilustración sobre la razón es falsa” (Lakoff, 2009: 8, traducido por Richard Tahan).

Ya Antonio Damasio demostraba en “El Error de Descartes” (1994) que la razón y la emoción no están opuestas, sino que la razón requiere a la emoción:

“La gente con daño cerebral que los hace incapaces de experimentar emociones, o detectarlas en otros, sencillamente no pueden funcionar racionalmente” (Ibidem).

Además:

“Si te detienes en la razón y emoción consciente, te pierdes lo más importante. ¡La mayor parte de la razón es inconsciente!” (Lakoff, 2009: 9, traducido por Richard Tahan).

Según el autor, hay evidencia abrumadora, que dice que un 98% del pensamiento, no es consciente, por lo tanto, es automático y no puede ser controlado.

”Como resultado tu cerebro toma decisiones por ti de las que no estás consciente” (Ibidem).

Todo esto ocurre en un nivel corpóreo, no en un nivel abstracto, se puede estudiar en nuestro cerebro y, lo más importante: gran parte de ello ocurre inconscientemente.

Lakoff nos dice que esto tiene implicaciones políticas claras:

1) Porque afecta nuestra moral y nuestro pensamiento político:

“así como también cada aspecto de nuestras vidas personales y sociales de maneras que muchas veces no estamos conscientes. Los políticos hábiles (así como los publicistas inteligentes) se aprovechan de nuestra ignorancia sobre nuestras propias mentes para apelar a este nivel inconsciente” (Lakoff, 2009:10, traducido por Richard Tahan).

2) Las formas en que actúa el inconsciente no son arbitrarias:

“No podemos simplemente cambiar nuestra moral y política voluntariamente. Hay patrones morales y políticos que son determinados por la manera en que nuestros cuerpos funcionan tanto en lo físico como en lo social” (Lakoff, 2009: 10-11, traducido por Richard Tahan).

3) Los aspectos corpóreos de la mente están interconectados, relacionándose entre ellos, así como con otros seres vivos y el mundo físico.

Consecuentemente, el autor suscribe la necesidad de conceptualizar una “Nueva Ilustración”, la cual:

“No abandonaría la razón, sino que entendería que estamos utilizando la razón verdadera (razón corpórea, razón formada por nuestros cuerpos y cerebros y que interactúa con el mundo real, la razón que incorpora una emoción estructurada por encuadres y metáforas e imágenes y símbolos, con el pensamiento consciente formado por un vasto e invisible reino de circuitos neuronales que no son accesibles por la consciencia” (Lakoff, 2009: 13-14, traducido por Richard Tahan”.

En base a esto, Lakoff dice que cada vez más tendremos que prestar atención a los avances de la neurociencia, la psicología cognitiva, entre otras ramas de la ciencia que estudian el cerebro y el comportamiento humano.

El investigador también hace una crítica a importantes pensadores como Noam Chomsky, así como a su antiguo profesor de matemáticas del MIT, John Nash, Nobel de Economía en 1994, mejor conocido por sus aportes a la “Teoría de Juegos”. Lakoff no desconoce que las teorías de estos y otros pensadores han sido muy importantes para la progresividad de las ideas, pero destaca que no cuentan la historia completa. El problema es que estos intelectuales estarían influenciados por conceptos clásicos del raciocinio que no se corresponden con el funcionamiento verdadero del cerebro.

En cambio, el ganador del premio Nobel de Economía de 2002, Daniel Kahneman, un psicológo, precisamente demuestra, en su “Teoría Prospectiva”, el comportamiento humano en base a los nuevos descubrimientos científicos sobre la razón.

Las metáforas, el reclutamiento neuronal, las neuronas espejo, los encuadres, las narrativas, el lenguaje, entre otros, son elementos que están presentes en las estructuras de nuestro cerebro, que Lakoff describe en detalle, explicando cómo nos afectan política y socialmente.

El ensayo inspira a pensar muchos aspectos de manera diferente, lo cual lo hace muy recomendable para encender algunas luces y aprender sobre comunicación política, pero también tiene defectos.

En primer lugar, el lector poco informado creerá que el pensamiento se estancó desde la época de la Ilustración. Sin embargo, desde entonces, otros paradigmas de la filosofía han, en su diversidad, avanzado ideas similares como las que propone Lakoff, aunque quizá no tuvieran el recurso ni la base científica de la neurociencia. Para ser muy especificos, sin expandir sobre el estructuralismo, el post-estructuralismo, la teoria critica, el postmodernismo, los estudios culturales, entre otros, educarnos sobre nuestras emociones, el lenguaje, etc., ha sido un pilar fundamental de la academia por mucho tiempo. El pensamiento no ha sido tan monótono como podría dar a entender el discurso de Lakoff. Todo el concepto de “alfabetización mediática” ha existido por décadas precisamente para enseñarnos sobre los “juegos del lenguaje” y las “narrativas” comunicacionales, a pesar de la poca atención que se le ha prestado. La “inteligencia emocional” es otra área por la que se ha abogado, algunos teóricos incluso proponiendo que es más efectiva que el coeficiente intelectual.

Con esto no refuto las ideas de Lakoff, muchos académicos de los paradigmas antes mencionados han tenido que reconsiderar sus postulados en base a los descubrimientos de la neurociencia: es cierto que por mucho tiempo se ha pensado que la razón puede separarse de la emoción, sin entender que éstas se necesitan. Pero también es cierto, que por mucho tiempo se estableció un consenso reconociendo que los números frios son insuficientes para entender al ser humano.

Por eso es que se ha abogado por incluir estas materias en las clases de los colegios (a pesar de la poca atención que se le ha prestado).

Segundo, uno de los aspectos que más incomoda a los académicos sobre las emociones, es lo fácilmente que se puede manipular a la población a través de ellas. Creo que el objetivo de Lakoff de informarnos sobre cómo estos procesos ocurren en nuestra mente, es importantísimo, pero también pone mucho énfasis en sugerirle estrategias a los emisores, en este caso los políticos y los medios tradicionales, quienes aplican estrategias emocionales para engañar al electorado. De hecho, este mismo libro, admitiéndolo desde un principio, es cierto, pretende hacer lo mismo, utilizando sus propios encuadres para impulsar su proyecto progresista. No es que esté en desacuerdo con muchos de los valores aquí descritos, pero pensar que cualquier persona que venga con la etiqueta de “progresista” va a ser el defensor de la “empatía”, la paz y el cambio climático sería una exageración. Los progresistas de EEUU, según Lakoff, no han utilizado la mente política lo suficientemente bien, y eso puede ser cierto, pero también es factible que un progresista hable de estos valores, con objetivos ocultos y que toda su campaña siga las recomendaciones de Lakoff, muchas de ellas basadas en valores positivos, aunque resultando ser una gran venta de humo, también manipulando y engañando al electorado con sus propios fines políticos.

Lo que es realmente urgente es poner el énfasis en las audiencias para que ellas con sus conocimientos y valores puedan reaccionar e interactuar con mensajes que buscan manipular esos prejuicios inconscientes que han desarrollado en sus mentes por años. Los cursos de educación en medios e inteligencia emocional en los colegios no se pueden postergar ni un día más.

Creo que el libro está en sus mejores momentos cuando describe la ciencia en contextos sociales contemporáneos que ejemplifican los argumentos del autor. Aunque a la vez, por sus intereses progresistas personales, muchos de los cuales apoyo, puede entrar en generalizaciones que exigen, como siempre recomiendo con estos libros, que sea una lectura complementaria.

Referencia:

Lakoff, G. (2009). The Political Mind.: A Cognitive Scientist’s Guide to Your Brain and Its Politics. USA: Penguin Books.

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4 thoughts on “Libro: “The Political Mind” por George Lakoff (2009)

  1. Pingback: richardtahan

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