Película: Una Pistola en Cada Mano (España, 2012)

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“Ocho hombres alrededor de los 40, desconcertados y perplejos, se ven envueltos en situaciones cotidianas que reflejan su principal conflicto: la crisis de identidad masculina. Su incapacidad para expresar lo que sienten les conduce a situaciones cómicas y patéticas que dejan atónitas a las mujeres”. (http://www.unapistolaencadamano.com/es/sinopsis/)

“Cine coral” que narra varios cortos que se interrelacionan en el clímax de la historia, pero por sobretodo comparten un mismo tema.

En este caso la historia lidia con “la crisis de identidad masculina”.

Las escenas se reducen a su mínima expresión, la mayoría desarrollándose en tan solo una locación con dos personajes que tienen una conversación real, cotidiana, y honesta.

A veces el guion se siente más como una obra de teatro que como una película porque pone el diálogo muy por encima del lenguaje visual.

Esto hace que lo más interesante sean las actuaciones porque las narraciones no dejan espacio para el error: los artistas tienen que sumergirse en el momento, reaccionando a las emociones que su colega le transmita. Sobreactuar o salirse del personaje, así sea por tan solo un instante, arruinaría la escena por completo porque no hay a dónde cortar ni cómo esconderse.

Pienso que esa es la fortaleza de la película: ser un estudio sobre la actuación en el séptimo arte.

Su debilidad, en mi opinión, está en que no siempre logra captar tu atención.

Me explico mejor:

Una obra como esta exige que a la audiencia le importen los personajes, identificándose con las escenas o los temas.

Pero no todos los personajes me cautivaron.

Eso tuvo que ver con un discurso narrativo que se agotó en la mitad del largometraje. Más allá de eso, los problemas rudimentarios de estos hombres dejan de interesarte.

Es como si un amigo te contara una pelea que tuvo con su novia. Quizá la primera hora lo escuches con atención e incluso le des algunos consejos para ayudarlo, pero ya para la segunda hora empiezas a mirar el reloj impacientemente. Ya el tema te agotó. Quieres hablar de otra cosa. Tu mente empieza a divagar: “tengo que lavar la ropa, limpiar el baño, ver el partido de fútbol, llamar a mi novia, ir al supermercado…”.

Luego de dos horas platicando de manera continua, tu amigo se va, te da las gracias por dar lo mejor de ti para escucharlo incondicionalmente, y tú te quedas ahí pensando: “ni una cerveza me brindó”.

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