Película: La Vida Útil (Uruguay, 2010)

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“La Vida Útil” fue la selección oficial de Uruguay para representar al país en los Óscar. A pesar de no haber sido nominada por la Academia estadounidense, tiene mucho a su favor.

Debo admitir que no soy amante de las películas contemporáneas en blanco y negro porque muchas veces esta estética no les agrega nada, quitándoles, en cambio, la oportunidad de añadir valor con los colores. Sin embargo, en este caso, el blanco y negro funciona, por ser una decisión artística justificada, como una oda a las películas de antaño que el director, Federico Veiroj, también acompaña con música al estilo del cine clásico. Además, a pesar de haber sido producida en 2010, esta obra parece una reliquia del cine, una reliquia como la cinemateca que representa y los proyectos que ésta le lleva a la ciudadanía.

Con el uso del lenguaje visual y el subtexto, el argumento nos hace reflexionar sobre el rol que juegan estas instituciones cuya misión es “cultivar” las mentes de las personas a través del arte, pero también nos hace reflexionar, sin enredarse en una trama complicada, sobre el rol de los conservadores del “buen” arte y el rol que tiene el cine en nuestras vidas.

Hubo una escena que me hizo reír mucho, a pesar de ser muy seria, cuando, en el programa de radio de la cinemateca, un experto en cine hace una explicación tan erudita, que pensé estar escuchando un discurso sobre física cuántica.

A veces en el arte somos así: buscamos tanto la intelectualidad y el conocimiento, que privamos de emoción lo que supuestamente nos apasiona. Incluso haciendo esos argumentos existenciales sobre el cine, en un tono de voz falto de melancolía por lo que supuestamente nos conmueve.

Nos convertimos en zombies…

Esto ocurre en unas cinematecas que presentan un cine de autor, que a veces pareciera importarle solo al comisariado artístico, el cual, a pesar de sus buenas intenciones, no tiene la más mínima idea sobre cómo dirigir una empresa de este tipo. El cine, gústele a quien le guste, es una industria, desde su producción hasta su proyección, el cine requiere dinero, división de trabajo, gerencia, dirección, y un presupuesto sostenible. Esto no quiere decir que hay que reducir el cine al dinero, yendo al otro extremo, privándolo de expresión y conocimiento, sino que a veces se nos olvida lo siguiente: en el mundo de Netflix y HBO, seguimos yendo al cine por la experiencia: el olor a cotufa y caramelo,  el contexto social, la pantalla grande, el mejor sonido, y las obras que nos conmueven.

Toda esta experiencia debe ser tomada en cuenta por las empresas de cine, porque si la infraestructura se está cayendo, la gente es antipática, los proyectores están dañados, las cotufas son del día anterior, y los argumentos son tan de autor que solo ellos los entienden, es mejor y más fácil alquilar una película y verla en casa.

Paradójicamente, eso también se presta para hacerle una crítica a las audiencias.

Lo que nos lleva a preguntar: ¿El cine es “útil”? ¿Cuál es su rol en nuestras vidas?

Al final de la película, mi impresión, muy personal y subjetiva, es que el cine es sinónimo de compartir.

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