Película: El Hombre que Copiaba (Brasil, 2003)

O-homem-que-copiava

“El Hombre que Copiaba” es una película brasilera dirigida por Jorge Furtado.

Al presentarse como una obra del género de las comedias románticas, la historia logra profundizar su crítica sobre la movilidad social desde un punto de vista auténtico que logra ser tanto cálido como gris.

Esa me parece es la fortaleza de la película, traer los problemas sociales a una realidad más próxima a nosotros: la de los colegios, los oficios, el salario, el consumo, la marginación, las inconformidades, las frustraciones, el egoísmo, la frivolidad, la hipocresía, así como también el amor y la amistad.

La historia sigue a André un “operador de fotocopiadora” quien está obsesivamente enamorado de Silvia, la vecina del edificio de enfrente, a quien espía con unos binoculares, los cuales apenas pudo comprar con su precario salario.

En mi opinión, la historia de André comienza mucho antes de los primeros minutos del guion.

Esto lo comprueba lo que creo es el tema de la historia, pronunciado con la cita:

“La pobreza es eso: destino o estupidez”.

Mejor ejemplificado por André cuando relata los siguientes sucesos claves de su infancia:

“Destino o estupidez: en mi caso ambos. Mi padre se marchó cuando yo tenía cuatro años. Eso es destino… Un día estaba hablando con Mairoldi; un gordito con una mancha roja en la cara. Le dije que mi padre no iba a volver.

– ¿Está de viaje?

– Sí.

– ¿Desde cuándo?

– Desde hace siete años.

Empezó a reírse mucho.

(André golpea a Mairoldi).

Quedó ciego de un ojo. Fue una estupidez. Fue mi último día en el colegio. Me expulsaron”.

Ahí se resume toda la película: salir de la pobreza, es tener un poco de suerte, así como no tomar decisiones estúpidas, pero la historia te demuestra, que la estupidez es más que eso, es lidiar con el rechazo, con las frustraciones, con una sociedad que muy duramente te abandona cuando cometes un error. ¿O no es ridículo rechazar a un niño de once años quien, lidiando psicológicamente con el abandono de su padre, se enfrenta con un bullying en el colegio y al no saber manejar sus emociones, comete un error? Ese error, esa estupidez, lo persigue por toda su vida.

Él no es un resentido, la vida sigue, él disfruta de las cosas pequeñas, como ver la ciudad por la ventana con sus binoculares, hobby tanto inofensivo como pervertido.

Dentro de esa mezcla entre candidez, idiotez, y mala suerte, no cabe duda que seguirá cometiendo errores graves, incluso cerrado el telón de esta cálida, cómica y gris historia.

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